Al finalizar, una enorme sensación de satisfacción y felicidad en todos, que aún nos dura. Y de gratitud. Infinita. A Cayetano Solana y Fernando Fernández, en especial, alcalde y párroco de la villa, que, como siempre, ponen todo de su parte para que te sientas en casa, te dan todas las facilidades del mundo y te abren (literalmente) todas las puertas. Hacéis sencillo todo: gracias por ser como sois.
También nuestra gratitud a las Hermandades del Cristo y de la Virgen, que apoyan los actos culturales que tienen lugar en Villaescusa y, por supuesto, a quienes acudisteis a la iglesia en una tarde fría y desapacible para acompañarnos, a los que vinisteis de cerca y a los que lo hicisteis de más lejos, gracias, amigos. Y a nuestras familias, las de todos, los que estaban los que estaban sin estar.
Y gratitud especial al coro, a todos y cada uno, por el empeño, por el cariño, por la alegría y las sonrisas en cada momento, por el trabajo y la emoción puestos en cada acorde. Y también a Iván, primer concierto con el coro, y como debut no ha estado nada mal, todos lo hemos vivido de ese modo. Seguiremos trabajando para poder disfrutar de más momentos así. La próxima vez, muy muy pronto, y en Madrid.
Nos llevamos mucha música después de este día, muchos sonidos increíbles, pero también muchas más cosas, imágenes, gestos, sensaciones, como la de comenzar el concierto saliendo de la Capilla de la Asunción, un momento realmente sublime comenzar a cantar entre esas paredes y con el testigo de ese retablo al que tanto le debemos. O el gesto de facilitar prendas de abrigo al compañero que no ha pensado (nadie pensábamos) que pasaríamos tanto frío ese día. O las fotos hechas y enviadas para que nuestros compañeros que no han venido pudieran acompañarnos también. O el dolor de espalda que bloquea, pero no impide cantar y hacerlo con una sonrisa, aunque la procesión vaya por dentro. O el turismo de los acompañantes, que hicieron piña y disfrutaron de la visita guiada de un muy especial cicerone. O la rápida subida al autocar, todos llenos de satisfacción y felices. O las risas en la cena, tras haber soltado ya toda la adrenalina posible, de quienes nos quedábamos.
Y al final, el cansancio infinito que se notaba en las piernas, pero con la alegría inmensa en el corazón. Gracias, Villaescusa de Haro. Gracias, Coro Cantate. Gracias, Iván. Seguimos creciendo. Seguimos aprendiendo. Y gracias, Cayetano, por esta foto en cuestión. Representa para mi un itinerario personal que viaja entre mis sueños, mis raíces y mis plegarias.
® Elena González Correcher
Imágenes 1 y 3, Bernardo Vera; 5, Cayetano Solana; 2 y 4, Elena González



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